Mensaje sobre "Cuentos desde el Telecentro"

Autor: Florencia Rivera y Claudia Ruiz Gonzalez

E-mail: piojo@entelchile.net

Tema: Cuento de Ciencia Ficción

Mensaje:

GENERACIÓN 2550

Johan corrió precipitadamente al baño y pasó el pestillo. Su espalda recorrió la puerta hasta llegar al suelo. Los latidos de su corazón lentamente recobraron su ritmo natural.

Ya sentada abrió su bolso; desde la ventana un rayo de luz iluminó su preciado tesoro. Abismada lo contempló por un rato para luego extraerlo con suavidad y reverencia.

Lo había planeado durante meses... ansiosa esperaba el momento. Ese día, el luto de su ropa hacía resaltar el púrpura de sus labios sonrientes mientras, su mente lentamente repasaba los futuros acontecimientos.

Apresurada se dirigió hacia la estrecha callejuela donde sabía que él estaría. Era lunes y como de costumbre Fred tomaba café. Casi sintió que él la esperaba. Johan abrió la puerta del cafetín y un aire frío circuló por todo su cuerpo. Se dijo, que no era el momento para tener miedo y entre el tumulto caminó hacia él.

Sentado en la mesa de siempre, Fred tomaba su desayuno. Su cara dibujaba asombro al leer en el diario un alza en la bolsa; continuó su lectura con fruición, casi como si temiera ser interrumpido. El paso firme de Johan los acercaba más y más. Ya frente a él, con un rápido ademán le robo el rostro.
Ella desapareció del lugar entre los gritos de la multitud.

Johan se inclinó para observarlo mejor. La piel tostada por el sol y la carnosa curva de la boca la dejó fascinada. Absorta esperaba que él le develara sus secretos. Fred abrió sus ojos y hundió su mirada en ella; respiró profundo y dijo:

-Me has descubierto, ahora bájame.
-Johan obedeció.

Las orejas de Fred se transformaron en soportes que le ayudaron a caminar. Se dirigió a la ventana y preguntó:

-¿ Qué quieres ?
- A ti
-Lo siento estoy de paso... Yo vivo más allá de lo que tú imaginación puede llegar.

En ese momento de la parte inferior de su rostro comenzó a nacer un nuevo cuello y de una masa gelatinosa se perfilaron los hombros; era el resto de su cuerpo regenerándose. Johan estupefacta retrocedió y Fred la siguió. Paralizada por el terror acercó las manos a su rostro protectoramente. Pero ya era tarde. Fred le había quitado el rostro.

Abrió la ventana y saltó por ella tomando impulso al tiempo que de sus costillas nacían dos grandes alas.

Con sardónica sonrisa observó a la mujer que acurrucada en el baño palpaba el vacío que una vez fuera su rostro.

Por: Florencia Rivera
Claudia Ruiz G.



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