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Tema: La vida de los enamorados
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Érase una vez Cristina y Pedro dos enamorados. Se casaron después de imponerse sus padres durante muchos y muchos años. Después de veinte años, y con el estrés de la vida cotidiana, el amor se convirtió en suplicio y se vieron obligados a pegarse e insultarse todo el día. La drogadicción profunda en la que se vieron enterrados sus siete hijos, les llevó a cometer las más horribles aberraciones humanas. Pero esto no significa que no fueran personas majísimas y estupendas. Pero como esta historia se está torciendo, pasamos de ella y vamos a contar nuestras vidas:
Un día de verano, exactamente el 19 de agosto, nació un estupendo bebe en el Sanatorio San Julián de Cuenca. Sus padres le llamaron Cristina (Nada tiene que ver esta Cristina con la del cuento, entre otras cosas, porque no se ha casado ni tiene hijos). Un nombre elegido por sus dos hermanos mayores. Al mes de nacer, cogió el avión para irse a Palma de Mallorca, donde vivía su familia. Allí creció y se hizo una mujercilla. Durante toda su vida ha ido a veranear todos los veranos de su vida a un pueblecito de Cuenca. El pueblo es muy pequeñito, pero ella se lo pasa muy bien y sobre todo se liga mucho. No os revelo cómo se llama tal pueblo, porque si no estarías allí todos los veranos, y Cristina es muy suya para sus cosas.
Hablando de Cuenca, ¿sabéis cuál fue el bebé con mayor cara de mosqueo al nacer de toda la historia? Ese fue Pedro: Nada más nacer, el borde del médico le pegó dos hostias en el culete, pero nuestro Pedro, en lugar de llorar como un gay (mariquita para los conquenses), puso cara de mosqueo y le mordió la minga.